Las instituciones educativas, como todo escenario en el que se desarrollan relaciones humanas, son espacios de poder en el que confrontan intereses contrapuestos y conviven personalidades disímiles, dando lugar a conflictos sociales de diferente índole. En sus instalaciones, los distintos tipos de acoso físico y psicológico encuentran un ambiente propicio para su difusión, tanto sea aquellos practicados entre los propios alumnos como así también los ejercidos desde los docentes hacia el alumnado, o viceversa.