Hacer trampa en la escondida puede traer consecuencias eternas. Lo mismo que cualquier otra picardía criolla. Los personajes de este libro bien lo saben, puesto que han hipotecado su alma para obtener un crédito bancario, se han empecinado en probar la redondez del universo trazándola con un marcador, han viajado a la velocidad de la luz para develar los enigmas de la historia y guardan en secreto la ubicación de una hilacha capaz de deshilvanar todo lo que existe si se tira de ella. Aún así, conservan la ingenuidad y se animan a abrir las tapas de un libro que no ladra, pero que muerde, donde pueden leer treinta historias, las propias.