Acomodar bien una maleta no solo es un oficio de mujeres. No son ellas las únicas que saben depurar, ordenar, estar al tanto de que no falte nada importante. El protagonista de esta historia es un hombre de unos 40 años que se vio obligado a preparar su valija para siempre, sin la opción del regreso al país que le dio vida. Dejó de oficiar como periodista en un diario de tintas rojas para reciclarse en cuidador de ancianos, en una Barcelona moderna y mordaz, a veces inhóspita, incluso, consigo misma. Estas páginas cuentan la vida de una ciudad, a través de los ojos de alguien que se lanzó al vacío sin paracaídas. Pero se fue construyendo su lugar con el día a día. Entran en juego amores, luces y sombras. Al lado de la melancolía está siempre el divertimento. La revolución cubana es solo un dulce y triste recuerdo para él.