Para finales del siglo pasado y principios del presente, la ufología chilena se había convertido en un hervidero. No sólo mis amigos estaban muy activos, también y sobre todo los ufólogos.
El chupacabras hizo su aparición, lo mismo que otros bichos y entes supuestamente provenientes de las estrellas. En poco tiempo Chile se hizo de un grupo muy nutrido de “fotografías de extraterrestres”. No podía dejar de ocuparme de ellas.