Cada invierno el hermoso sauce perdía todas sus hojas, quedaba desnudo, vulnerable y avergonzado. Era el más hermoso árbol del bosque, pero no soportaba la desnudez del crudo invierno.
El viento de verano le susurró un buen día que en el sur siempre hace sol, que en esa tierra maravillosa los árboles nunca pierden su verdor, jamás hace frío. El duro invierno, la nieve, el frío del norte... no pueden entrar.
¿No merece la pena arriesgarse a viajar, abandonar la protección del hogar conocido, dejarlo todo... para poder lucir bello todo el año? ¿Qué podría pasar?