Ya el cuerpo no es el templo (el lugar del límite). Las avenidas que se curvan en su planicie oral y desmedida hacia la lengua. La piel templada y luego trémula, que arde en la caja china. El objeto morboso y deseado que ansían las manos que tiemblan. La llama múltiple, llena de orificios múltiples infinitos y calientes, donde se esconde y crece el alma, la vida o el agua, donde Sally Rodríguez oficia y convoca todas las entidades del poema, de la llama o de la luz. Poesía del cuerpo y del deseo, “La llama insomne” es una ventana que se niega y reafirma en el vasto mundo del poema. Un libro que se entrega sin melindres, desnudo a toda luz.